FUNCIONES ESPECÍFICAS DE
PLANIFICACIÓN Y CONTROL COMO INTEGRANTES DEL PROCESO DE ADMINISTRACIÓN DE
PRODUCCIÓN
Tres funciones
básicas de la planificación: prospectiva; concertación y coordinación y evaluación.
1.- Prospectiva
Podemos
distinguir dos visiones polares de la prospectiva. Una de naturaleza
exploratoria, es la que parte del presente y recorre un cierto espectro de
futuros posibles. La otra de carácter normativo, articula una visión del futuro
deseable y construye un itinerario de las acciones necesarias para alcanzarlo.
Ambas tienen ventaja y encierran dificultades.
Si el punto
de partida es la realidad actual, el riesgo es quedarse en ella sin cambiar
nada o introducir solo cambios en el margen. Por el contrario, si el punto de
partida es una imagen deseable del futuro se puede quedar atrapado en ella, construyendo
sueños divorciados de la realidad. Lo más lógico sería explorar imágenes
del futuro a partir de la situación presente, pero el itinerario inverso
también es atractivo pues lo esencial es romper inercias y movilizar energías.
En
realidad, el futuro se construye mediante un delicado equilibrio sobre un
camino de doble vía entre las realidades presentes y los escenarios posibles y
deseables. El arte de transitar intelectual y políticamente en ambos sentidos
es precisamente el nombre del juego y éste no es otro que el de definir
e instrumentar una estrategia de desarrollo.
2.- Concertación y Coordinación
Los temas de gobernabilidad
van a definir el rumbo y la eficacia de las políticas públicas en los años
venideros. La vida en comunidad no puede concebirse sin conflictos ni
diferencias. Pero los conflictos no son siempre los mismos, ni se expresan
de igual forma. Ellos persisten, se transforman y
se crean.
Alrededor de ellos se
puede elaborar la capacidad de las organizaciones sociales para procesarlos,
así como para crear las principales visiones y consensos que permiten
transformarlos en oportunidades y nuevas situaciones. El elemento más
destacado de los esfuerzos por constituir vinculaciones publico-privadas es el
de compartir visiones, concertar acuerdos y coordinar las acciones a
desarrollar.
Con demasiada frecuencia, el
debate acerca del papel del Estado, ya sea en relación con el sector privado
como con las ONG´s, se ha esterilizado producto de discusiones inconducentes.
La razón es simple. No existe posibilidad alguna de delimitar las esferas de
actuación de una manera general, sin referencias precisas a tiempo y lugar, y
sobretodo, sin considerar la historia y el desenvolvimiento de cada una de esas
instituciones.
Además, este debate se ha
planteado a veces en términos de posiciones polares y excluyentes y, peor aún,
contrastando las ventajas de uno con las deficiencias del otro. Un primer
falso dilema se plantea entre mercado y Estado, entre un supuesto mercado que
asigna óptimamente recursos, y un estado ineficiente, o entre un estado que
piensa en el bien común frente a un mercado excluyente.
3.- Evaluación
En los procesos
presupuestarios modernos, el manejo flexible y prudente de los agregados
fiscales debe complementarse con la efectividad en la asignación de recursos y
la eficiencia operacional en la prestación de los
servicios públicos. De manera creciente se ha ido reconociendo que
si bien la disciplina fiscal es una condición necesaria para
modernizar la gestión presupuestaria, no es condición suficiente si no va
acompañada de innovaciones que buscan satisfacer los restantes objetivos de las
políticas presupuestarias.
Uno de los logros importantes de las reformas
de los años noventa ha sido el abatimiento de la inflación y el mayor control
de los desequilibrios fiscales, dos males endémicos en nuestra región. Esto ha
redundado en la mayoría de los países en progresos hacia una mejor gestión de
las finanzas públicas. Pero quedan temas pendientes, especialmente en relación
con el tratamiento del ciclo macroeconómico en la programación presupuestaria y
el papel estabilizador de la política fiscal, aspectos fundamentales para
lograr un ambiente apropiado para la inversión.
Por otra parte, si se busca
mejorar la calidad de la gestión pública, no es posible supeditar el gasto a un
manejo entregado a los vaivenes coyunturales, es decir, no se puede pensar en
impactos significativos de las políticas con problemas frecuentemente de pare y
siga en los programas gubernamentales. El ciclo presupuestario anual es una
camisa de fuerza demasiado estrecha para una gestión efectiva. Por ello es
necesario evolucionar hacia esquemas presupuestarios plurianuales que brinden
mayores horizontes y holguras al manejo del gasto público.
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